viernes, 10 de febrero de 2017

ElFamosoYPolémicoEstudioDeLaDesinformación.


Sin duda se ha hablado demasiado de la sociedad de la información. Así las referencias encontradas en la literatura científica son tan extensas que al referir a los autores, es un acierto aproximarse exclusivamente a aquellos que con serena paciencia – y pupilas lastimadas -, han resumido este concepto ( Giannakis, P. y Galis, N.) Con este proceder justificamos la existencia de esta corriente de pensamiento, obviando el placer de la lectura ante un resumen supuestamente creíble, y breve.

En contraposición, acerca de la sociedad desinformada apenas existen referencias (Aamodt, K. A.). Y cuando aparecen, son críticas exacerbadas contra las organizaciones implicadas en ocultar datos de calado al pueblo llano (Stalin, J., Roosevelt F.A. y Gil, J. ), generando una deprimente insatisfacción social.

El objeto de este estudio no es otro que el de reflexionar sobre la perentoria – dudo del significado de este adjetivo, que rememora el guiso de un ave y/o pollo -necesidad humana de estar desinformados, contextualizado en la paradoja que supone intentarlo en plena sociedad de la información.

Para la realización del estudio, se han consultado referencias clásicas (Buonarroti, M.A.) y contemporáneas (Cantero Rada, J. L.), a partir del marco de actuación LCMAG (La curiosidad mató al gato).

A bote pronto, y entramos en faena, podemos elucubrar sobre la percepción de felicidad vivenciada actualmente, frente a tiempos pretéritos en los que no se sabía tanto, apenas nada. Con el rigor científico que se nos supone, afirmaremos con rotundidad que somos unos tristes, sin más, o en el mejor de los casos, rozaremos la felicidad del idiota, obtenida a base de leer mensajes instantáneos o vacíos de significads, pero de una profundidad insondable. ¿Si no de qué teniendo de “to”, parece que no tenemos de "na"?

Una segunda cuestión, por decir algo y rellenar, que siempre ha tenido buena prensa, sería observar cuáles son las fuentes de información y cómo es su funcionamiento. Se puede diferenciar entre las siguientes:
  • Espiritual. Consiste en las medias verdades, que sólo algunos privilegiados pueden intuir y se encargan así de difundir entre la plebe, pueblo o grey. En la actual sociedad de la información, su validez queda francamente tocada, porque como ya se sabe todo, los iluminados sólo convencen a aquellos que creen estar impregnados del virus de la fe. Por el contrario ante la desinformación resurgen de sus cenizas, aunque se les evita con relativa facilidad, siempre y cuando no lleven armas.
  • Gubernamental. También conocida como oficial y/o oficiosa, parece verdadera en toda su expresión. Sin embargo, en la sociedad de la información, ya que el pueblo está bien informado, se les ve el plumero y, en muchas ocasiones, se cumple el dicho popular de que se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Y, salvo error garrafal, cada vez se ven menos personas con muletas por sedes parlamentarias, quizá en silla de ruedas, pero esto es para favorecer la integración.
  • Profesional. Se podría asociar al gremio periodista, pero en ocasiones ni eso, dado el intrusismo que existe en este sector profesional. Así la confusión entre opinión e información es imperceptible y marcada por una ética inexistente, como transversalmente se ausenta en las otras fuentes descritas.
  • Social. Uy las redes sociales que miedito dan. Aun así son la vía de conocimiento más popular en la actualidad y explican toda la literatura sobre la propia sociedad de la información. Se puede decir que es el argumento para explicar los avances y retrocesos que influyen en el progreso. Todos sabemos de todo, todos disponemos de un punto de vista sobre cualquier cuestión. No obstante, ante tanto dispendio informativo, se lee menos y peor.
  • FAC (Familia, Amigos y Conocidos). También conocida como la santísima trinidad o la santa inquisición. Este es un terreno pantanoso y enfangado. Con lo descrito hasta ahora, sabemos que estamos sobradamente informados y, por tanto, todas las personas tienen una opinión que compartir al respecto de lo que sea, lógicamente sin haber pedido consejo alguno. No obstante, negar su existencia sería quitarle el regustillo al que en ocasiones sabe la vida. Que no se le ocurra a nadie prescindir de esta fuente, fuente de conocimiento y cultura.

Resumiendo, que habrá que echarse una siestecita. Con lo hasta ahora expuesto, estamos tristes pero somos informados, o estamos informados pero somos tristes.  Habrá personas que no estén de acuerdo con esta asociación, quizá yo entre éstos, y consideren/emos el conocimiento como la base imprescindible del desarrollo. No les falta razón ni aquí se les negará la misma porque el propósito del estudio no es rebatir, al contrario. Al aspirar a la desinformación, per se se niega el debate y la reflexión, a no ser que sea individual y hacia dentro, como un burruño.

Como cualquier estudio que se precie, o desprecie, también éste tiene sus conclusiones. En este caso, una y escueta: Al publicar esto, al leer esto, quedamos encadenados irremediablemente a esta sociedad de la información, con la ilusión de poder encontrar el camino del desconocimiento para ser más inteligentes, sin darle más vueltas, olvidándonos de todo, con la mirada perdida hacia el horizonte.

martes, 27 de diciembre de 2016

DeNubesNegrasYODementores

Querida nube negra ( o Dementor):

Sé que no me conoces lo suficiente como para saber lo que me molesta, me incomoda, o simplemente no me gusta; casualmente estás tú entre los orígenes de mis pesares. Por ello precisamente espero que no te equivoques. No creas que deseo intimar, al contrario, no entiendo todavía por qué tengo que compartir contigo una parte de vida. Pero entiendo que es inevitable. Dicen que los amigos se buscan y los compañeros de trabajo nos los imponen. A pesar de todo, lo curioso es que por fin te entiendo, seguramente porque yo también sea para otros una nube negra (o Dementor), de dimensiones insospechadas. Sería extraordinario que lo fuera para ti, recíprocamente unidos en nuestras diferencias.

Durante un tiempo he ido volcando en un cuaderno cibernético mis experiencias laborales. Lo hacía con una intención terapéutica que me sirviera de bálsamo para sobrellevar la desidia. Y nunca pensé que tú, querida nube negra ( o Dementor), fueras parte de la solución. Siempre te arrinconé en la caja de los problemas.

Hace unas semanas pude disfrutar de un encuentro formativo con mis amigas (son más las mujeres que los hombres) de Proyecto Hogar, una Asociación con sentido, que ha sabido sobrevivir a la triste decadencia de la Intervención Social. Habían organizado una sesión de "Risoterapia”, gestionada con talento por parte de uno de los trabajadores de enproceso. Esta entidad es precisamente otra superviviente de este nuestro querido sector de lo social. Allí me recordaron lo que supone reír, hacer el ganso e, indirectamente, evitarte a ti, mi querida nube negra (o Dementor).

En el trascurso de la formación, de repente Gema, una de las personas más inteligentes y sensibles que he conocido, te citó a ti, Nube negra, y Javier, el formador, dijo que también te conocía, aunque él te llamaba Demontor. La idea no era otra que encontrar estrategias frente a alguien indeseable con el que te cruzas diariamente, normalmente en el trabajo, y no le puedes soportar. Entonces entre Gema y Javier te dieron forma. A mí se me iluminó la cara al reconocerte, sobre todo cuando me dieron la solución: Emplear el humor en nuestras relaciones.

Siendo como soy en ocasiones irónico y corrosivo nunca supe bien cómo evitarte querida amiga. A veces me enrocaba en un mismo pensamiento que tenía que ver contigo, y era imposible salir de él. Sólo tenía que compartir contigo mi humor y poder reírnos juntos. Así la nube negra se iría trasformando, cambiando del gris a un blanco pomposo.

Harry Potter, o quien lo escribiera, era una persona extremadamente sabia. Sobre los Demontores decía que «…Están entre las criaturas más nauseabundas del mundo. Infestan los lugares más oscuros y más sucios. Disfrutan con la desesperación y la destrucción ajenas, se llevan la paz, la esperanza y la alegría de cuanto los rodea... Si alguien se acerca mucho a un Dementor, este le quitara hasta el último sentimiento positivo y hasta el último recuerdo dichoso. Si puede, el Dementor se alimentara de él hasta convertirlo en su semejante: un ser desalmado y maligno. Lo dejara sin otra cosa que las peores experiencias de su vida.». En esa línea, la escritora aportaba soluciones. El hechizo Patronus era un conjuro, sortilegio o similar, que evocaba un recuerdo positivo, en forma corpórea o no, que ahuyentaba a los Dementores. En definitiva, una forma sutil de mandar a tomar por culo al fantasma de turno. Más o menos como la trasformación irrisoria de una nube negra en una blanca en forma de corderito.

Y esto para todos igual, querida nube negra (o Dementor), que podemos ser un mal sueño para otros. Así que cuando alguien se ría conmigo, o de mí, entenderé que muto desde la oscuridad hacia un lugar más despejado. Un cielo sin arcoíris ni soplapolleces, simplemente un lugar en el que es necesaria la convivencia.

Y yo contigo siempre nube negra (o Dementor).


Siempre tuyo, Fernando.

domingo, 11 de diciembre de 2016

LosNiñosLoboYLosLugaresAusentes

Epílogo o prólogo.

El niño lobo ha vuelto. Se presentó sin avisar un día de diciembre. Corría descoordinado, sin saber hacia dónde dirigía sus pasos. Se topó conmigo; le paré extendiendo mis brazos, y con las palmas de mis manos, mostrando mis líneas de vida, toqué las suyas.

Milagro. No sanó el niño el lobo, únicamente rescató mis sentimientos.

Según consulté posteriormente, había varios casos de niños lobo que vivían cerca de mi casa. Además, vi algún dibujo descriptivo, semejante al niño con el que me crucé. Como rasgo principal, la presencia y distribución de su bello. En la cabeza, ralo y vigoroso y en su rostro, una incipiente pelusa. En la descripción posterior, resaltaban los sonidos con los que se comunicaban, expresiones onomatopéyicas imprecisas. Y el pronóstico final, difícil pronóstico. Pronóstico impreciso pensé.

En algunas edificaciones de ciertos lugares comunes, no existen puertas, y el espacio se extiende, igual que la distribución del tiempo. En el hueco donde deberían ubicarse las puertas, se colocan cortinas de diversos materiales, que guardan la intimidad del lugar.

El problema surgió cuando se tuvieron que cerrar las puertas y colocar varias cerraduras. El problema fue que había algo que guardar y se fueron los niños lobo, resguardándose en lugares alejados. Y con ellos huyeron las chicas que tocaban la armónica y los negritos bailones. Se fueron yendo todos, como la magia que habitó en las palmas de mi mano, que decoraban mis líneas de vida.

El problema surgió cuando empezamos a contar números. Al uno le seguía el dos, pero éste saltaba hasta el trescientos quince, por ejemplo. Las paredes se había pintado de un azul demasiado intenso y estaban congelado los pensamientos.

Así un día, y otro día, hasta que se prestaba demasiada atención a los días que faltaban, y no a aquellos que  todavía tendríamos que disfrutar. Pasó que se miraba con frialdad, dirigiendo siempre la vista hacia el mismo lugar. Así el día torcido, cuando veíamos algo diferente, no reparábamos en ello, ¿acaso lo necesitábamos?

Le dije que ya había estado en Alsacia. En alguna ocasión todos hemos estado en Alsacia. Leí que allí fue humillado el ciclista Luis Ocaña por Eddy Mercks. Lo sabía desde hace tiempo pero no quería recordarlo, porque pensaba más en la gloría de éste último que en la amargura del primero. Además, ya conocía Colmar, en el corazón de los Vosgos alsacianos. Pero no le di importancia, quizá porque quise crear un lugar común, cuando en realidad era un lugar ausente, perdido. Un lugar en el que se había cerrado de antemano la puerta.

Vi al niño lobo a una distancia considerable de Alsacia, por casualidad, en otro lugar que no viene al caso.


Milagro. No sanó el niño el lobo, únicamente rescató mis sentimientos. Y sentí que hay lugares ausentes, vacíos, repletos de personas dignas con historias por contar.

lunes, 20 de junio de 2016

LaÚltimaMetáfora

Efectivamente no hay más metáforas y no sabría explicar bien porqué. Existe una elevada posibilidad de tener la sensación de estar repitiéndome, también es cierto que estaba deseando su final, como cualquier narrador añora poner el punto y final.

Llegados a este punto, como diría Judith, me encuentro plenamente satisfecho por el trabajo realizado. Sobre todo, porque ha habido personas que han disfrutado con su lectura. Sin ellas no hubiera escrito ninguna metáfora más.

Sé que pasado un mes me arrependiré de mis palabras y me entrarán ganas de contar aquella comparación ingeniosa que alguien -  o yo mismo - utilizará para motivar a un tercero. Pero todo tiene un final.

Y queda poco más que decir. El obligado agradecimiento, echa el cierre.

Gracias a todos las personas con las que pude fabular personajes, su creación fue imaginada desde el respeto y el amor. Y, por supuesto, aunque no sé si alguno me leerá, diré gracias e imploraré perdón, a todos esos chavales que pulularon entre metáforas, a pesar suyo y nuestro. Ojalá nunca les hubiera conocido. Ellos fueron el cordón umbical de todas las palabras que gestaron estos textos.

domingo, 12 de junio de 2016

LaContraMetáforaDelSalmón

A la semana siguiente no hubo más metáforas y se quedaron las verdades al descubierto.

Aunque pese, en ocasiones, las ventajas son mayores que los inconvenientes, y la desidia se convierte en la principal enemiga. No puedo pensar que emplearse en el sector de la educación social sea peor que hacerlo en otros, salvo cuando la comentada desidia se posa en el alma laboral, entonces es posible que se pierda en la comparación, inevitablemente. Como el avaro opulento y deprimido se considera infinitamente pobre.

Mi profesión en ocasiones me permite ponerme un embudo en la cabeza y viajar allá hacia donde mi imaginación llegue. El embudo es un producto barato y perfectamente adaptado a una de las cualidades que se le supone a los empleados de la educación social: la creatividad. Esta semana, con el embudo por montera, estuve paseando por el Orkla. Este río noruego es conocido por el mítico salmón que remonta sus supuestas frías aguas, heladas. Cone la mirada furtiva, observando más hacia dentro que para afuera, pude ver cómo cientos de peces se elevaban a contracorriente. Estaba presenciando la manida metáfora del salmón.

Son muchos los que ven en el antinatural destino del salmón, la capacidad de algunos para combatir las desigualdades o ser la excepción ante la norma. Seguramente que el proceder de este pescado se haya utilizado en infinitas ocasiones para hablar del emprendimiento. Esta capacidad vista en perspectiva fue la excusa perfecta contra la crisis, cuando carecíamos de dinero. Emprender por encima de todo, es decir, nada, pero emprende. Aun así, los que utilizaron como señuelo al emprendimiento, con la idea de pescar al salmón, no sabían de las virtudes de aquél. El emprendimiento es una actitud que se puede enseñar pero claro, eso nos haría más inteligentes; se podría incluir como material escolar pero no tenemos dinero para mejorar la escuela.

Ante tanto inconveniente y viendo que las gotas de sudor brotaban de mi cabeza, decidí quitarme el embudo. En un parpadeo cambio el paisaje. Quedaron atrás los fiordos noruegos. Estaba delante del lánguido Manzanares a su paso por Orcasur. Estaba en un recodo del río cerca de la Caja Mágica. Había llegado allí con mi bicicleta desde La Latina, luego tendría que continuar mi camino hasta Alsacia. Comí allí  unos explosivos garbanzos con arroz y un resto de la cena de la noche anterior de la que recuerdo sus ingredientes. Al terminar observé el río igual de furtivo que contemplaba antes el Orkla. Todo estaba en calma. De los salmones no quedaba rastro, quizá porque nunca existieron. Al poco tiempo apareció entre las turbias aguas del Manzanares una culebrilla misteriosa. Me di cuenta de que ésta no intentaba avanzar ni retroceder. Permaneció un buen rato culebreando en la horizontalidad del agua.  Así la dejé una vez que di cuentas de los garbanzos.

Desde Orcasur hasta llegar a Alsacia se atraviesa por lo que fue antes el poblado de la Celsa, un hermoso pinar en Entrevías y el parque lineal de Palomeras, pegado a la M-40. Después sólo queda atravesar la Fuente Carrantona para llegar a la residencial Alsacia. Llegué allí satisfecho a pesar de que no había conseguido los objetivos que me propuse aquella mañana. Pensé en la mentira que encierra la metáfora del salmón, y cualquier otra que pretende arreglar el mundo, incluidas todas éstas. Emprende, y una buena mierda, pensé, que me enseñen bien a hacerlo.


En ocasiones - puede que en todas - haya que creer en lo que tenemos cerca, por ejemplo en una vulgar culebrilla que ni se deja arrastrar por la corriente, ni tiene que retomar el río para llegar a no se sabe dónde.

lunes, 6 de junio de 2016

LaPuertaHaciaElInfiernoOLaContratuerca

Al infierno no se llega andando, ni guiado por ningún vehículo, ni siquiera en bicicleta. Para acceder al infierno tienes que atravesar una puerta y después dejarte llevar por la imaginación.

En alguna metáfora anterior nombré cierto quicio desquiciado, quizá como idea precursora de esa puerta con destino a los infiernos. Concretamente, en uno de estos textos, el de entre el cielo y la tierra, la analogía se aproximaba peligrosamente al fuego. De trasfondo, estaba el rol que fingimos algunos educadores que nos encontramos entre el empresariado y los futuros trabajadores. Lo cierto es que en el desarrollo de estas funciones no es sencillo adivinar si somos buenos, malos, o simplemente regulares, posiblemente ni tienen que juzgarnos. Por ejemplo, a Khaleesi le cuesta dimensionarlo aunque le va cogiendo el gusto; hasta mi querido nihilista de apellido judío barrunta este destino y sus posibilidades. Hace unos días me preguntó sobre el puesto y, por lo leído en las metáforas, entendía el judío la sucia labor que se realiza en medio de la nada. Sin embargo, no es cierto, le respondí. Y comprendí lo mal que me explico en muchas ocasiones.

Mediar supone comprender, a unos y otros. Aunque en muchas ocasiones ciertamente llevemos a los jóvenes a un lugar próximo al infierno, no hay que olvidar el lugar del que estos provienen y, por supuesto, del que nosotros mismos partimos. La vida mancha, dice Humana en boca de no sé quién, y lleva razón. La mancha está en todos, en todo, y reconocerlo es una tarea complicada, para nosotros, y mucho más cuando tenemos que explicárselo a los demás. Gracias a la mediación, se reconocen las partes que entran en el juego, y cómo cada uno defiende su posición, y su estrategia. Describir culpables o inocentes no es nuestra labor. De nuevo hay que evitar el juicio, aunque en muchas ocasiones pequemos de coger la balanza y juzgar gratuitamente. Así que entiendo que en estas, mí querido nihilista de apellido judío sería un perfecto mediador, seguro. En el fondo los que se disfrazan con ropas comunes, esconden héroes anónimos. Y el judío es uno de ellos.

De hecho, por casualidad o no, montado cual orate en bicicleta por Arturo Soria, comprendí cuál era el ejemplo perfecto para explicar el papel del mediador y por defecto, o afecto, o el de cualquiera que pretenda enseñar.

Unos días antes había asistido de ayudante a un taller de mecánica de bicicletas impartido por mi respetado compañero El hombre tranquilo. Ayudar, es una categoría demasiado compleja para la escasa actividad realizada. Así que escuché, como siempre, los sabios consejos de mi compañero sobre los entresijos de la bicicleta y del ciclismo. Aprendí que un elemento esencial en diferentes partes de este vehículo es la contratuerca. Si la tuerca da firmeza a la pieza de turno, la contratuerca además favorece el movimiento. Esto es, asegurar la rigidez del sistema logrando que todo fluya con precisión. Estas piezas se encuentran en la dirección, las bielas y las ruedas. ¡La contratuerca! Tanta sencillez es aparente porque la contratuerca hay que colocarla en el punto justo en el que se funden la seguridad y el movimiento. Ni que decir tiene que si aprietas de más, se genera tal consistencia que se impide el movimiento. Si lo haces de menos, se corre el riesgo de que se deslavace el mecanismo. La contratuerca es por lo expuesto la metáfora de la mediación y la educación, el equilibrio perfecto. A buen entendedor… Ni le sobran ni le faltan las palabras; sólo le queda creer en sus razones.

O falta alguna idea; siempre. En la metáfora en la que se refleja ésta, la llamada entre el cielo y la tierra, se hablaba explícitamente de política, del señor de las barbas que nos gobernó. Justo ahora, en segunda vuelta, tenemos la posibilidad de volver a predecir el futuro. Casualidades o no, sobrevuela mi imaginación otro político. Uno ingenioso y de altos vuelos, tanto, que ya mira por encima del hombro; si le llamas Pablo puede que responda. Este prohombre se cree periodista en un programa llamado La Tuerka, con K de radicalidad, se entiende. Qué casualidad. Mencionada la contratuerca aparece su gemela, esa que sólo aprieta, porque es rígida: la tuerca. Ojalá en el amplio maletín de las herramientas del tal Pablo haya alguna contratuerca de esas que utiliza El Hombre Tranquillo.

Al hilo de tanta política, me quedo con las sabías palabras de El limón más dulce que he conocido, “se gobierna para todos, no sólo para los que te votan”, dice. ¿Lo mismo al hablar sobre esto se quería referir también a la educación? “Se educa para todos, no sólo para los que tú crees educar”. Vivir para ver; o simplemente para aprender. 

jueves, 2 de junio de 2016

FinDeCiclo


Para que a Clint se le considere un grande del cine, tendría que filmar una comedia. Por ejemplo, siempre he admirado la capacidad de Kubrick para reinventarse con estilos diversos, y la de Wilder para brillar en otros géneros opuestos a su especialización como comediante irónico. A Clint le falta saltar un tenue arroyo, tropezarse y postrar su rostro encima de una tarta. Por fin hoy me he atrevido a comentárselo, y eso que él comparte mis aficiones por lo absurdo. Aun así, yo le he recomendado la utilización del humor para contar historias. Quizá, si lo hiciera, podría desprenderse de la necesidad de tener que demostrar constantemente sus capacidades.

Billy Wilder, uno de los directores mencionados, tenía la capacidad de maquillar dulcemente la irrisoria realidad del ser humano. Su trayectoria justifica su estelar aparición en las metáforas, sobre todo cuando es tiempo de despedidas.

Para entender la intervención con jóvenes es necesario, por lo menos, estar en un mismo proyecto dos años. Y elijo este número porque, recién estrenado mi segundo aniversario en este lugar aspado, me he dado cuenta del sentido de mi trabajo. En una cadena de producción, inicialmente las piezas son formas sencillas que según avanza su itinerario van revistiéndose hasta alcanzar el resultado final. Igualmente, en nuestro proyecto nada tiene que ver la persona que aparece por allí con dieciséis años con la que parte cuando alcanza los veintiuno, punto de corte entre la juventud y la madurez, irónicamente hablando. Durante dos años, en mi caso, he podido observar cómo han ido creciendo mucho jóvenes. Nozah es una de ellas. En su momento tuvo su metáfora, cuando la escasez reinaba en Alsacia. Si empleamos el pensamiento único pensaremos que Nozah ha vuelto a fracasar. Sin embargo, tomando en cuenta otras variables, valoraremos lo contrario. A punto de terminar su turné por esta cadena de producción, Nozah se irá del programa sin tener un trabajo. Por suerte el éxito no tiene medida, si no es valorado desde el proceso por el que se consiguen las cosas. Así Nozah ha aprendido, ha madurado, ha entendido ciertas cuestiones que posiblemente le sirvan en su tránsito hacia la madurez, aunque no disponga de la mirada del tigre, ni de la suficiente abertura de diafragma para contemplar en su esplendor el cielo que se dibuja en la distancia. En breve Nozah partirá, si es que no se estaba yendo desde hace un tiempo. Su destino es tan incierto como el nuestro, en el caso de que alguien jugara a las metáforas con nosotros.


El ciclo perfecto comprende un tiempo de 5 años, así que aún me queda recorrido. Otro, sin embargo, ya ha cumplido el suyo. Podría haber optado por dar una vuelta más pero quizá su traje de neopreno se ha desgastado demasiado. El guapo Moreno se llama Ricardo y ha traspasado la ansiada barrera de las metáforas. Como le ocurrió a El padre perfecto abandona un campo de minas para irse a uno de batalla donde se juega con balas de fogueo. Eso sí, los jóvenes seguirán siendo su población diana. A Ricardo ya le he visto partir y no tardando demasiado, he vuelto a subirme en su deportivo metalizado. Sin duda es el educador con más estilo que he conocido. Es de los que algún día va en bicicleta y otros, los que más, huele bien. Como tantos otros, un día perdió la comodidad de mantenerse elevado dirigiendo un proyecto aunque, en cambio, se dio cuenta de que seguía siendo digno. Nunca ha perdido la dignidad ni la pose; el día que quiera trasmitir su sabiduría, mostrará la inmensa dificultad que tiene mediar con las empresas, haciéndolo con un estilo sencillo y firme. Pocos están a su altura, porque Ricardo es, sobre todo, un tipo grande. Igual que Clint, aunque nunca dirija una comedia. Nadie es perfecto.