sábado, 12 de marzo de 2016

DarCeraPulirCera

¿Quién podría negar la influencia de Karate Kid? Atrevido sería.

Negar la cultura popular es negar el arte. Posicionarse en Dreyer, Ozores - Mariano -, Kiarostami o Kaurismäki es un signo de extraña distinción, una necesidad de exclusividad mentirosa. En mi opinión, nunca dejaremos de ser hijos de Heidi y Bud Spencer y discípulos de Miyagi. Muchas cosas podrían explicarse con la frase más famosa de este señor: dar cera, pulir cera. Poesía de la calle.

Los lectores de esta maraña sabrán quien es Tiara. Ella apareció en metáforas anteriores, la última fue en el homenaje al Doctor Empleo. Tiara ha ido construyendo su futuro a base de empujones. Su carácter, en muchas ocasiones, le ha perjudicado. Sin embargo, precisamente su forma de posicionarse ante la vida seguramente le permita seguir creciendo. Si hace unas semanas le acompañé a la antesala de un juzgado, hace unos días atravesamos esa puerta. El mundo del derecho es sumamente torcido. Es el lugar más propicio para aprender aquello de las habilidades sociales. Ni pedagogía, psicología, economía, ni educación social. Las clases magistrales para aprender a relacionarte se imparten en los juzgados. Puro control de emociones. Se puede defender un día al sucio empresario y al siguiente al vapuleado trabajador, o viceversa. Es posible explicar lo opuesto a lo contrario llevando razón. Buena cara, sonrisa, serenidad. Comunicación verbal precisa; no verbal, sin mácula.

A Tiara, a pesar de su madurez, le acompaño tanto porque fui yo quien le invito a entrar por cierto quicio retorcido. Es cierto que un “pseudo educador” no es el responsable del destino de nadie pero la profesionalidad, entiendo, debería de impedir mirar hacia otro lado, aunque a veces surjan malentendidos. El caso es que Tiara deseaba reclamar lo que es suyo. Entiendo que para cualquier persona, acceder al mundo de la justicia es complicado, consecuentemente para un joven mucho más. Tuvimos que pasar a través de un escáner, introducir los móviles en una cajita, ir a un despacho, no conciliar, salir de un edificio para ir a otro edificio, atravesar de nuevo un escáner, introducir los móviles en una cajita, dejar en consigna un bote de comida - la típica comida de un “pseudo educador” -, hablar con un policía - agrio o amargo, depende del gusto -, subir a la primera planta, preguntar por un abogado de oficio y llamar por teléfono para pedir cita con ese esperado abogado de oficio. En esas, a Tiara le decía que todo esto era una de las doce pruebas de Asterix. Ella preguntaba que si eso era una película. Le explique que era el argumento de un comic. A nosotros, añadí, ahora, nos tocaba salir de este sindios. Para hacerlo tendríamos que ponerlos el embudo. Un pizca de locura siempre es necesario. Por eso superamos la prueba.

Entre tanto, el empresario, del que no se supo nada previamente, contacto con Tiara. Y ella dudaba qué responder. Dar cera, Tiara, mucha cera. El secreto es adornar tus peticiones. Seguramente que Tiara busque en todo esto algo de venganza, y tendrá infinitas ganas de pegar a alguien hasta el extremo. Sin embargo, no serían éstas prácticas estratégicas, puede que sólo insuficientemente necesarias. Dar cera, tener paciencia. Embellecer los derechos. Maquillar las palabras. Contestar con educación, negociar, dar cera y/o pulir cera. Paciencia. Habilidades sociales, el grado más elevado de la estupidez humana. Bendita estupidez que sostiene nuestra cínica sociedad. Dar cera: buenas palabras; pulir cera: peticiones. Dar cera: qué tal tu familia; pulir cera: reivindicaciones. Dar cera: una lástima que no hayas venido; pulir cera: dame lo que me debes de una puta vez.

Aparte de desarrollar esta técnica ochentera, Tiara me comentó que iba a comenzar a trabajar de nuevo. Una cafetería subterránea es su destino. Mientras está empleada, iremos a conocer al abogado de oficio. Se asegura metáfora.

Sin embargo, a pesar de todo lo expuesto el verdadero aprendizaje de Miyagi no es su estoico estilo pictórico. Su grandeza radica en diferenciar las cuestiones que realmente merecen la pena en la vida. En su caso, cazar moscas. Curiosamente, en mi casa practico este arte con una plaga de mosquitos, a los que mato a puñetazo limpio, como hacía Bud Spencer. En la vida hay que disfrutar con lo que realmente tiene valor.


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