jueves, 17 de marzo de 2016

TremendamenteIndividualTremendamenteColectivo

En víspera de la primavera todo huele mejor. Y duele más, si de los brotes se brota con las alergias.

El mundo resulta ser demasiado menguante. En ocasiones no nos damos cuenta de su simpleza, ni de su complejidad sutilmente tejida. En último extremo, el más sabio de todos descubrirá que nos enredamos en los adornos.

El mundo resulta ser confuso. El guapo Moreno añora ser Clint y tomarse la justicia por su mano. Mi padre hablaba siempre del gran invento del siglo pasado: la máquina de dar hostias. Este aparato servía para poner en su sitio a los promotores de la estupidez humana. Me imagino que el guapo Moreno iba por ese camino, distinto al del propio Clint que sin pretender ajusticiar buscaba en el camino el sentido de las cosas. Aun así la necesidad individual de tomarse la justicia por su mano por desgracia ha caído en el olvido. El guapo Moreno en muchas ocasiones lleva razón.

El mundo gira rápido. Entre semana, Nashira, aquella que se coló en una metáfora “trans”, abandonó la formación práctica que realizaba. Entonces, tras indagar en lo sucedido, coordinarme con el guapo Moreno y hablar con Nashira llegué a una conclusión. ¡En cuántas ocasiones nos equivocamos! Cuando Nashira inició el camino de la formación, no caí en la cuenta de cuál era su motivación. Dichosa motivación. En esto de la búsqueda del empleo se habla de lo externo e interno, o extrínseco o intrínseco. Es decir, por qué buscas. Bien porque otros quieren o porque tú lo deseas. La teoría con los jóvenes buscadores pasa porque interioricen la motivación, si la tienen mejor, pero si no han de descubrirla con el empleo. Yo me había convertido en el propulsor de la motivación de Nashira. Vivencié que tal era su necesidad que incluso pensé en decirle al guapo Moreno que la colara en aquellas prácticas. Apunto estuve de proponérselo. Entonces me hubiera saltado todas las reglas en las que siempre he creído. Lo colectivo frente a lo individual, para que revierta en la mejora de cada uno. En lo social, por lógica, pecamos de creer, por encima de todo, en lo nuestro, sin caer en la cuenta de que eso nuestro es similar a lo de los otros. Otros que tendrán sus necesidades, otros que estarán adquiriendo sus motivaciones, tantos otros, y tantos. El “pseudoeducador” en ese afán por defender los suyo, lo de sus representados, se convierte en un comercial, cuando en realidad será buen comercial cuando venda lo colectivo. Lo social, con denominación colectiva, sin embargo está lleno de individualidades, de lo inmediato, eso sí adornado con los mejores propósitos para todos, y todas, que muchos dicen ahora. Quizá sólo para nosotros mismos.

El mundo es un ciclo repetido. Así las cosas continúan por donde deben comenzar. Después acompañé a Nashira al recurso que le correspondía. En la antigua morada de Clint, en la que ahora mora El Padre perfecto, en la que ya estaban El Palentino y las bailarinas de Zumba, he vuelto a observar que importante es la cercanía, esa que a mí a veces se me olvida aplicar. A Nashira allí le tocará seguir buscando empleo, acudiendo a la cueva, pero también podrá desarrollar su madurez. Hoy me he dado cuenta que a veces se empieza la casa por el tejado, pero, es que por desgracia, en muchas ocasiones los jóvenes están obligados a ello. Justicia poética, tal vez individual, o colectiva.

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