domingo, 27 de diciembre de 2015

LaMetáforaDivergente

En aquel lugar nunca pasó nada.


Es extraño pensar, y más en algo en concreto. Visualizo 12 imágenes por segundo y todo está enlentecido. Tus movimientos los observo cortados. Te pongo un ejemplo. Mueve tu mano. Sólo puedo verla arriba y abajo. No sé lo que ocurre entre medias. A esto lo llaman la enfermedad de Bolt.

Sé que aquella mañana estaba el cielo despejado. Comenzaba a oler a primavera. Tú estabas exultante, como siempre. Paseábamos juntos. Decidimos recorrer las calles estrechas cercanas a la estación. Te contaba mis planes futuros. Me iría a Ámsterdam, con la idea de perderme. Tú me dijiste que ibas a quedarte un tiempo viviendo aquí. Estabas trabajando en una oficina próxima al lugar por el que paseábamos y me lo enseñaste. No había nadie. Estaba cerrado. Los cristales estaban tintados e hicimos como los niños. Posamos el rostro allí y utilizamos las manos para impedir que el sol interfiriera en nuestro propósito. Tú te sentabas en aquel rincón, me dijiste. Y tus compañeros en las otras sillas. Sucedió de repente. Todo se paraba. Me asuste. No podía observar los objetos de forma continua. Separé las manos del cristal. Di un paso hacia atrás. Me estaba mareando. Te dije lo que me pasaba y nos abrazamos. Mira allí, me obligaste. Qué ves. Pude observar una placa. Norton P. En esté lugar nunca pasó nada. Me sorprendí. Era lógico que la empresa se llamara de esa forma, o de cualquier otra. Pero no entendí la otra frase. Cómo era posible que en ese lugar nunca pasara nada. Te lo conté y te reíste. Sigues mareado, déjalo. Quédate con Norton P, donde pasan demasiadas cosas. Recuerda el nombre. Cuándo regreses de Ámsterdam me encontrarás aquí.

Ese día no fui al médico. Quería aprovechar tu compañía. Tampoco lo hice en los siguientes, pero iba a peor. No tuve más remedio que someterme a miles de pruebas. Cancelé mi viaje hasta que hubo un dictamen. No podía desplazarme. Mi enfermedad me hacía entender las cosas de forma diferente. Todo iba más despacio. Ese ritmo no lo entendía y me hacía perder la conciencia. Tuve que guardar reposo y medicarme. Ahora siento lo mismo pero con los pies en el suelo. Puedo vivir. No sé si en Ámsterdam hay canales, si quiera agua.


Otro día estuve observándote a través del cristal, sin que me vieras. Estabas sentada en la silla que me indicaste. No parabas de hablar por teléfono y mirar la pantalla del ordenador.  Tus compañeros hacían lo mismo. Me fui. Aunque antes me fije en el letrero. Norton P. Una historia que contar.

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